Diana

Los inicios en la fotografía comenzaron en mi pre-adolescencia como un juego. Tomaba imágenes con una cámara compacta de plástico, que aún recuerdo, el flash tenía forma de cubo y era descartable. 

En el año 1986, y por circunstancias que a veces pienso son mágicas, conocí a una persona (Martín Acosta), que se desempeñaba como reportero gráfico en una reconocida agencia de noticias y al ver sus trabajos comencé a interesarme aún más en la idea de plasmar imágenes que podía ver y sentir desde el objetivo de una cámara. Ese mismo año realicé un curso básico de fotografía analógica y laboratorio ByN que determinó mi pasión por este arte.

Año 1987, por circunstancias familiares, viajé a Japón donde pude aprovechar para perfeccionar la técnica estudiando de manera particular con fotógrafos destacados de la ciudad de Sendai, del cual, tengo el recuerdo especial de uno de ellos (Toru Itoh), quien me enseñó a tener una mirada más amplia de las imágenes a fotografiar. Aún en lugares reducidos donde a primera vista no viera nada interesante, él me enseñó a ver. En 1988, tuve el gusto de poder exponer mis trabajos en una reconocida galería de arte de esta ciudad.

De regreso a la Argentina, comencé a trabajar como fotógrafa free lance, colaborando en algunos pequeños medios gráficos pero mayormente en el área de la fotografía social lo que hizo que me diera cuenta que no era el tipo de fotografía que más me agradaba, motivo por el cual, comencé a desarrollarme laboralmente en una actividad que nada tenía que ver con este arte e hizo que postergara mi pasión por la misma durante muchos años.  A pesar de ello,  siempre estuve con un equipo fotográfico y me dediqué a tomar imágenes cada vez que lo sentía.

Estos últimos años he intensificado esos momentos donde disfruto poder transmitir en imágenes lo que mi alma ve a través de la cámara.